CAST / GAL

Laberinto
Sergio, 24, Miño, A Coruña

Una vez Miguel cruzó la entrada mágica ya no le fue posible dar marcha atrás, la puerta se cerró a su paso y no le quedó otra opción que entrar al laberinto. Primero recorrió el helado corredizo a través del glaciar, luego atravesó la inhóspita espesura selvática plagada de peligrosas hortalizas y, finalmente, superó la eterna espera en la galería de las terribles criaturas marinas.
Miguel llegó entonces al final del laberinto y, sabiendo que había superado la aventura, pronunció al gran brujo el conjuro mágico que con suerte le concedería el tesoro:
-Papá, puedo llevar una chocolatina?
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