CAST / GAL

Marcela
Luna de Enero, 62, Valladolid

Mientras las capitanas de aquel equipo improvisado echaban a suertes, Marcela, ligeramente apartada, miraba entre la ilusión y el desapego. Siempre la dejaban para el final. A veces incluso, el juego empezaba sin que nadie la echara de menos.
—¿A quién le toca dar?
—Que se la quede Marcela.
Era su momento de gloria. Después no había más momentos. Y es que Marcela no sabía saltar, ni sabía correr. Al menos no sabía hacerlo como las niñas de su edad.
Pero aquel día, desde su discreta distancia, Marcela levantó la voz unos decibelios
—¿Os he dicho que puedo volar?
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