CAST / GAL

Iria
Charo, 87, A Coruña

La mano chiquita aprisionaba su dedo índice. Era perfecta. Cerraba los ojos, como si prefiriese los sueños a la realidad.
Siguió inmóvil. La niña dormía. Una sonrisa iluminó su rostro, Todo su rostro. Sus labios, sus ojos y hasta sus carrillos, que otrora lucieron redondeces y ahora se centraban en ángulos, sonreían de nuevo. Y todo por Iria, aquella niña cuyo cuidado era su trabajo, aunque ella lo había convertido en su deleite. Miró la hora. Todavía tardarían. Tenía tiempo de disfrutarla, como si fuese suya. Cerró los ojos y se dejó inundar por el calor de aquella mano.
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