CAST / GAL

HUEVOS CONTADOS
CHARO, 86, A CORUÑA

Mi madre cocinaba bien, pero su sopa de ajo me hacía llorar. En su libro tenía apuntado: “Una olla. Agua fría, ajos pelados, pan viejo cortado finito y chorro de aceite. Todo en crudo. Cocer y al plato. Taché esa receta con rabia, pero guardo su libro como un tesoro. Un día, en un restaurante de lujo, me sirvieron la especialidad en un cuenco que olía maravillosamente y sabía a gloria. “Sopa de ajo”, me susurró mi compañera de mesa. Recordé la receta tachada. Sí, quizás, pero ésta tenía alguna cosilla más, y un huevo en el fondo.
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