CAST / GAL

Sueños
Mancuso, 50, Barcelona

Se posó sobre el trapecio y la ovación reverberó por la inmensa carpa mientras los focos lo iluminaban. Un reverencial silencio acompañaba ahora el número mortal perfecto que siempre soñó. Pero el trapecio se rompió de modo inexplicable y su cuerpo cayó entre el horror del público y el de su mujer, la domadora de elefantes. El hermano del trapecista la abrazó, cerró los ojos y aspiró la fragancia de su cuerpo largamente soñado: fue entonces cuando deseó realizar semejante exhibición el día del Juicio Final, justo antes de que las pesadas puertas del infierno se cerraran sobre su cabeza.
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