Interdependencia
Akim, 66, Barcelona
Sentada como siempre a los pies de mi cama me relató ayer, en versión libre, el segundo capítulo de ese apasionante cuento de tradición oriental. Su prodigiosa inventiva ha ido creciendo pareja a su indiferencia hacia los cambios que desde la pubertad fueron transformando mi cuerpo. Hubo una época en que, ya con la barba crecida, estuve a punto de echarme novia. Pero terminé abandonando la idea: no podía lastimar a mamá, que medio siglo después y noche tras noche, sigue logrando que me venza el sueño.