CAST / GAL

El propósito
De anima, 46, Sevilla

Llevaba practicando desde hacía meses; quería tener un sueño vívido en el que pudiese hacer cuanto quisiera. El proceso era complejo; debía entrenar a diario: a cada dos horas tenía que estirarme de un dedo (en los sueños el dedo se alarga como si fuese de goma); de tal forma, acostumbraría a mi mente, y cuando estuviese dormido, inconscientemente, repetiría la acción del dedo y así sabría que estaba soñando, y podría obrar a mi antojo.
El problema vino cuando un día en el trabajo me estiré del dedo y este se alargó...
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