CAST / GAL

Desde el precipicio
JL Santos, 46, León

Siempre hay algo inexpresable en el dolor. Fragmentos punzantes de cristal con formas y reflejos que necesitarían de palabras que no existen, de tonos de oscuridad indescriptibles.

Solo contemplando la profundidad rasgada de nuestro alma —como viendo sufrir a una hija querida— en la negrura de ese abismo cruel e injusto, notaríamos que fulgen deslumbrantes el querer, la esperanza, la fe.

Y percibimos una fuerza, una luz, que nos impulsan a abrazar la vida, luchar como con el poder de un dios, creer en lo que nadie creería…

Descubrimos, en ese sacrificio, la riqueza intangible e infinita de amar.
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