CAST / GAL

Y si no me despierto...
MARIO, 45, LOGROÑO

Las manos del cirujano me unieron las cuerdas vocales, otrora desligadas. Lo percibí, a pesar de los medicamentos.
Tras el final de la anestesia, sin abrir los ojos, comencé a sentir la respiración entrecortada de mi hijo, como si él hubiera permanecido junto a mí durante horas eternas para transmitirme su confianza y sus anhelos. ¡Qué orgulloso me sentí de su comportamiento y su arraigo!
De repente, unas gotas de agua me acariciaron las manos, y surcaron mis dedos. Mi vástago me comunicó sus sentimientos sin una sola palabra. ¡Qúe maravilloso instante! pensé. Y si no me despierto...soñaremos.
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