CAST / GAL

EL COMIENZO
BENJAMÍN LEDCA, 43, SALAMANCA

Respira hondo. Relaja tu cuerpo. Cierra los ojos. Comienza el sueño.
Allí estaba yo, metido en ese minúsculo habitáculo. Sin luz, sin tiempo, sin nada. Excepto el acuoso líquido que había inundado todo. Probablemente estuviera lloviendo fuera y mi caja de muerto estaba allí para recoger todas las lágrimas del cielo que se filtraban a través de la tierra.
De repente, se vació todo y yo desperté.
Unos brazos protectores me sacaron del vientre seccionado de mi difunta madre.
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