CAST / GAL

Gajos
Raquel, 39, Miño, A Coruña

Los miércoles, al salir del entrenamiento; ése era el trato. El premio era lo suficientemente apetecible como para que días antes M. soñase despierto imaginándolo.
En el desayuno, papá ya notaba pequeños cambios: mochila preparada antes de salir, zapatos laboriosamente atados, tazón en el fregadero sin advertencias previas; claros indicativos de que por la tarde habría berrinche si no estaba en punto para recogerlo.
Así, a las seis y diez pasadas, tras salir del coche en un suspiro, M. corría puerta adentro; esquivaba piernas, carritos y góndolas y llegaba a la sección de frescos exclamando: “¡Las mandarinas!”.
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