CAST / GAL

BAR MANOLO
DELIA, 73, CULLEREDO

Luis estaba sentado, como siempre, en la esquina del local. El café humeaba y estaba bien caliente, como le gustaba que se lo sirviera. Le encantaba saborearlo a sorbitos deleitándose con cada trago que llegaba a su boca. Tan absorto estaba que no se enteró hasta que la tuvo encima. La lámpara que tenía sobre su cabeza cayó, ocasionando un gran estruendo. Me dirigí a él abrazándolo para protegerlo. ¡Qué alivio! No había pasado nada, pero… hoy es mi marido.
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