CAST / GAL

Las estrellas no mienten
Alba Sáez, 15, Burgos

Estaban en lo alto del edificio de color blanco celestial. Miraban al horizonte que parecía no tener fin. Se podía ver la ciudad y al fondo, el mar que brillaba reflejando los astros que bailaban en el cielo. Las estrellas fugaces pasaban sin detenerse a mirar y la Luna se escondía silenciosa. No se escuchaba nada hasta que empezó a sonar un rumor molesto que se convirtió como un cisne en una melodía tan bonita que era imposible de describir. Sus cuerpos empezaron a elevarse suavemente, mezclándose con las estrellas hasta que desaparecieron convirtiéndose en una de ellas.
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