CAST / GAL

Abuela
Suturando cicatrices, 34, Gijón

Era de día. La luz entraba por las rendijas de la persiana y fuera piaban los pájaros despidiendo al verano. Olía a café. Recuerdo perfectamente ese olor. Mientras se desperezaba, sacó la radio del cajón de la mesita y miró el reloj. Las nueve. Al bajar las escaleras, una bocanada de olor a pan recién horneado la hizo bajar dando un saltito en el último escalón. Abrazó a su madre y le dio las gracias. Había un pitido molesto fuera, como de máquina de hospital. Pero ella reía dentro. De pronto el pitido se detuvo. Y ella, dejó de soñar.
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