El paso ciento treinta y siete
JP, 29, Marín
Bruno contaba los pasos hasta casa de su madre: ciento treinta y siete. Siempre ciento treinta y siete. Los cambios eran errores del mundo.
Un otoño, la puerta dejó de abrirse.
Durante semanas recorrió el mismo camino: ciento treinta y siete pasos hasta una ausencia.
Una mañana descubrió una flor entre dos baldosas, justo donde apoyaba el último pie.
Quiso arrancarla. No pudo.
Volvió al día siguiente. La flor seguía allí.
Entonces comprendió algo: algunos cambios no sustituyen lo que amamos; crecen en el lugar que dejan.
Y siguió contando: ciento treinta y siete.
Un otoño, la puerta dejó de abrirse.
Durante semanas recorrió el mismo camino: ciento treinta y siete pasos hasta una ausencia.
Una mañana descubrió una flor entre dos baldosas, justo donde apoyaba el último pie.
Quiso arrancarla. No pudo.
Volvió al día siguiente. La flor seguía allí.
Entonces comprendió algo: algunos cambios no sustituyen lo que amamos; crecen en el lugar que dejan.
Y siguió contando: ciento treinta y siete.