CAST / GAL

Plácidamente
María, 46, A Coruña

Su sueño era tan plácido que parecía que nadie hasta entonces había sabido dormir, sino ella. En un abandono absoluto se mostraba espléndida, blanca y rosada, feliz y sudorosa. A veces se giraba buscando nuevo acomodo, con la desfachatez y la soberbia de quién se sabe con derecho natural a ocupar cualquier espacio, pues siempre se le han ofrecido los mejores y apartaba la sábana con sus pies diminutos y redonditos, en una graciosa lucha. Sonreía, confiada, demostrando que importaba otra cosa en el mundo más que su descanso.
—Juliaaaaa... —Susurré, acariciándola. Y abrió sus enormes ojos castaños con despreocupación.
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