CAST / GAL

El café con leche
Venancio, 63, Zaragoza

Entré en un bar con el cuello partido. Mi cabeza penduleaba sobre mi pecho. Para calmarme, pedí un café con leche. El camarero me preguntó si lo quería con azúcar o sacarina. A lo que yo le contesté con sacarina. Al ir a beber, no atinaba con la boca y volqué la taza en mi oreja. Entonces, pedí al mozo una pajita, la metí dentro de la jícara y succioné el líquido. Noté que la gente me miraba con estupor, aunque a mí no me importaba.
De repente, sonó el reloj, ¡puf!
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