CAST / GAL

LA GLORIETA DE ENFRENTE
Enrique Hernández Caballero, 39, Granada

Tengo la mala costumbre de soñar lo que no he sido capaz de hacer durante el día. Por ejemplo, cantarle las cuarenta a mi suegro, que lleva años muerto.
Esta noche he regañado al alcalde, que tiene la glorieta de enfrente totalmente descuidada. «Le hace falta —decía yo— una estatua de alguien significativo». Él asentía, convencido.
Soñar esas conversaciones me calma. En su irrealidad —o, mejor dicho, en su naturaleza imposible— reside la satisfacción que me reportan.
Sin embargo, no sé qué hice mal esta vez, porque a primera hora me esperaban en el portal el alcalde y un escultor.
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