CAST / GAL

La fuga
CELATRIZ, 58, Madrid

No podía levantarse, unas finas bandas de terciopelo negro apresaban sus muñecas.
Miró a su alrededor, el reloj de la pared marchaba hacia atrás, sus agujas eran lenguas de un fuego rojo, enfurecido, que se comían poco a poco sus malos recuerdos.
Sentía calor, no podía dejar de mirar aquel reloj, menos cinco, menos 10, menos cuarto, las bandas de sus muñecas empezaron aflojarse y su cuerpo comenzó a flotar.
Salió por un resquicio de la ventana, como viento que se cuela por las rendijas.
Y ascendió sobre una nube blanca hasta las puertas del olvido que todo lo cura.
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