CAST / GAL

Puntos suspensivos
Emile, 21, Barcelona

La posibilidad de un diagnóstico oficial cae sobre él como un jarro de agua fría. Ser autista. No, más aún: ser autista, punto y final. Tinta sobre papel, dictamen de juez; sus sueños tan solo sueños, más lejanos que nunca. Pero cuando el diagnóstico llega, lo que siente es que por fin puede respirar. Le sorprende porque no es consciente de haber estado conteniendo la respiración. Y por fin se da cuenta de que si puede respirar, seguro que puede dormir. Si puede dormir, puede seguir soñando. Y si puede seguir soñando, entonces no queda otra: sigue siendo él.
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