CAST / GAL

Abriendo los ojos
Marcelo, 55, Vigo

Extendí mi mano, y asiendo la tuya con fuerza, te ayudé para que te levantaras. Ya de pie, uno junto al otro, me miraste y agradeciste el gesto con una sonrisa, sin palabras. En ese momento contemplé tu rostro y descubrí el secreto de tu belleza. Tus ojos no podían ver, y tu boca sellada por la contrariedad, me preguntó si podía recoger tu bastón. Lo hice rápido sin dejar de darte la mano. Y apoyándote en él, ya con más seguridad, pasaste tu mano por mi cara y me diste las gracias.
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