CAST / GAL

SANDY
DELIA, 73, CULLEREDO

Ladró toda la noche. Me desvelé por sus ladridos. Con pereza me levanté y me asomé a la ventana, para ver que la tenía tan nerviosa. La noche era oscura y apenas podía distinguir su pelo claro entre los matorrales. La llamé por si venía hasta su caseta, pero no hizo ni el mínimo intento de obedecer. Así que desistí del empeño y cerré la ventana. Finalmente calló, supongo que cansada de tanto ladrido.
El sol entraba por las persianas. Cuando las abrí, busqué a Sandy y la sorprendí junto al erizo causante de sus ladridos.
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