CAST / GAL

Un poco de realismo, hija mía
Esperanza, 72, Foz, Lugo

Le reprochaban que no soñara. Argumentaban que siendo adolescente debería tener infinidad de sueños.
Ellos no lo sabían, pero claro que los tenía. Lo que ocurría era que no los contaba. Los sospechaba irrealizables y sabía que se reirían de ella.
Harta de reproches, un día en que merendaba con su madre, le contó sus sueños: preeminencia de la bondad, la compasión, la resiliencia, la sororidad…
Leyó en la expresión de la cara de su madre una mezcla de perplejidad y tristeza.
-Hija mía, soñar es bueno, pero con mesura: sería más realista que soñaras con matar un dragón…
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