CAST / GAL

Familia
Lluvia, 46, O Grove

Escuchó un ladrido. No sabía si estaba soñando. De repente notó algo húmedo en la cara como uno de esos lambetazos que le daba Zeus con la emoción cada vez que lo veía. Era el rey de la casa… y de su corazón.

Otro ladrido y un “no puede escucharte” lejano.

Cuando abrió los ojos sólo vio su lengua antes de bañarlo en babas. Era él, no había ninguna duda, lo habían dejado entrar. Necesitaba sentirlo una vez más para poder irse y, al ladrido, se unió el pitido plano de un electrocardiograma.
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