CAST / GAL

Mis otros
LUNA DE ENERO, 62, Valladolid

Llegaron al amanecer, sin avisar. Tan madrugadores como siempre. Una mula asomó el hocico, empujando el portón entreabierto para facilitarles la entrada. Se acercaron en silencio. Ni siquiera saludaron. Tampoco hacía falta. Eran de casa.
Allí estábamos los tres, en aquel corral de tierra de hace cincuenta años. Ellos solícitos como siempre, atentos a mi necesidad desde su infinito.
—¿Tienes frío?
Me abrazaron.
—Quería veros —dije.
El fresco de la mañana les convirtió en recuerdo y yo eché por encima la colcha que dormitaba a mi lado. Arropándolo. Para que no se perdiera.
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