CAST / GAL

La aldea maldita
M. Ligero, 25, Salmanca

Vestida de negro, junto a las demás viudas del pueblo, Claudia reza el rosario. Ofrece siempre un dedal de anís, que hoy he aceptado. Al levantar la cabeza con el cigarro recién encendido, los castaños y nogales que Claudia ha plantado están calcinados, blancos como su pelo.

Se fue dejando tras de sí un llano en llamas, a Juan Castilla sin amor ni alma, y a mí, en una nebulosa cada vez más densa, cada vez menos real, cada vez más onírica.
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