CAST / GAL

El viejo
Miguel Armesto, 31, A Coruña

Aquel anciano llevaba horas contemplando el embravecido mar iluminado por el sol que ya casi había recorrido la descendente carretera azul que las nubes habían construido. Federico decidió acercarse a él.
—¿Necesita ayuda?
—Estoy esperando a mi hijo.
—¿Cuándo vendrá?
—Espero que tarde.
—¿Papá?
Cada noche soñaba que lo veía un par de segundos antes de despertar. Quería desesperadamente aprovechar en muerte el tiempo que no pudo disfrutar con él en vida.
Una vez despierto, varias gotas de aquel furioso mar gallego brotaron de sus ojos y recorrieron su rostro arrastrando el recuerdo del sueño.
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