CAST / GAL

Nunca es demasiado tarde
Sopa de letras, 59, A Coruña

Siempre sentí que me acechaba. Como un lobo hambriento seguía mis pasos intentando devorarme. La distancia se iba acortando hasta que un día decidí plantarle cara. Me armé de valor y me encontré con su mirada. Una inmensa calma me invadió, ya no sentía miedo. Una especie de susurro me llamaba, sus manos intentaban alcanzarme y, simplemente, me entregué a esa paz y serenidad que me prometía.
¡Qué descubrimiento! ¡Tan temida y tan deseada! Ahí estaba... ¡la jubilación!
Imaginé amaneceres nuevos despertando en brazos de Morfeo, dando tiempo al tiempo y, después de todo, pensé que nunca es demasiado tarde.
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