CAST / GAL

MI QUERIDO ALBERTO
CHARO, 86, A CORUÑA

¡Gooorrrrrda! La palabra retumbó en la sala de terapias. Me giré, ya en la puerta. Allí estaba él con su carita de rasgos característicos del síndrome de Down y una sonrisa prepotente de siete años.
Llevaba una semana intentando que pronunciase la letra erre y aquella tarde con la palabra “cardo” había acabado mi paciencia. “Goooorrrda”, repetía el brillo de sus ojos. Salí del cuarto y lo dejé solo para que disfrutara del descubrimiento que le hacía sentirse grande. Había vencido a la erre y me había vencido a mí al mismo tiempo.
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