CAST / GAL

LOS VETERINARIOS
CHARO, 86, A CORUÑA

Tenía quince años y era mi primer trabajo. Sencillo, creía, para la mejor taquimecanógrafa de la Academia.
Los veterinarios de la provincia hacían su Junta anual. Yo debería pasar a papel todo lo que hablasen.
A mi lado un hombre sonrió. “Te diré nombre y lugar”. Lo hizo, pero mientras yo escribía, el veterinario había dicho tres frases y otros dos le habían rebatido. Escribí frenética y llené el cuaderno de signos ininteligibles, sabiendo que no podría traducirlos. El hombre no sonreía.
Volví, cinco días después. El hombre me miró sorprendido, leyó incrédulo mi texto y me pagó 175,- pesetas.
Compartir: