CAST / GAL

EL SOBRINO
CHARO, 86, A CORUÑA

Inés, a través del cristal, contemplaba la terraza. Los otros residentes dormitaban. La mañana se mantuvo inmóvil hasta que llegó Elisa. Tenía carta. Sonreía y se movía a saltitos. ¡Bendito sobrino! Apareció cuando el confinamiento. No pudo verla, pero prometió escribir. ¡Falta hacía! Elisa vegetaba en su cuarto, sin ver a nadie y sin comer.
La idea había sido del terapeuta, para salvar a Elisa y crear una ilusión para Inés.
A mediodía todos comentaban la visita del sobrino de Elisa a Nueva York, mientras Inés pensaba la carta que escribiría narrando la llegada del chico a un nuevo puerto.
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