CAST / GAL

La itinerancia de un yo
Chaplin, 49, VIGO

En un balcón del hotel Ambassador de Nueva York, Marilyn Monroe saborea la sequedad de un buen cigarrillo. Allí, lejos del mundanal ruido, nada parece que le pueda hacer daño. Ni tan siquiera, un vestido holgado que le marca unas nalgas de ensueño. Tanto, que hasta el movimiento de su pelo es un reflejo de un viento inexistente. Ya que, él, también se ha detenido a contemplar la fugaz luz de la existencia. El atisbo de unos cuantos deseos para continuar adelante sin la menor de las concesiones: soy una gran ilusión, a veces, una gran realidad y, lo demuestro.
Compartir: