El camino
Eidren, 28, Bueu
—No me lo puedo permitir —un mantra en mi cabeza, priorizando la responsabilidad de cumplir con las expectativas ajenas—. La gente normal está destinada a la ordinariedad.
La extraña mujer me dedicó una sonrisa pícara, que contrastaba con la calidez de su mirada.
—¿Desde cuándo importa el destino? Aprende a disfrutar del camino.
Me extendió un casco como invitación, encendió la moto y subí dubitativa. Pero el viento nos envolvió enseguida, despejando las nubes, y pude ver por primera vez. Pero no vi por ninguna parte a la extraña mujer fuerte que me había liberado. Porque siempre fui yo.
La extraña mujer me dedicó una sonrisa pícara, que contrastaba con la calidez de su mirada.
—¿Desde cuándo importa el destino? Aprende a disfrutar del camino.
Me extendió un casco como invitación, encendió la moto y subí dubitativa. Pero el viento nos envolvió enseguida, despejando las nubes, y pude ver por primera vez. Pero no vi por ninguna parte a la extraña mujer fuerte que me había liberado. Porque siempre fui yo.