La inmortalidad del barro
helmantike57, 69, Cabrerizos
Durante décadas, sus manos moldearon la arcilla con la fuerza del roble. Cada vasija nacía tosca, viva, idéntica a él. Pero el tiempo no perdona y el temblor definitivo invadió sus dedos como un sismo silencioso. Ayer sentó a su nieta frente al torno. Al principio, el lodo se desmoronaba sin rumbo. Entonces, él posó sus palmas agrietadas sobre los dedos tiernos de la niña y la masa cobró vida bajo un único pulso. Su arte no moría con la vejez; solo cambiaba de piel.