Zurcido de hilos desconocidos
Sheila, 21, Teo
Pregúntale a Hades sobre el hado si no es, acaso, ligar mi alma a un cuerpo. A un organismo sin vida que sí escribe el guión de la mía sin que yo se lo pida. Que me deja al desnudo, sin quitarme la ropa. Quizás porque de mi vida siempre fui su marioneta favorita. Y eso es lo que me queda: dejarme manejar. Soñar despierta, esquivar, tropezar, acertar, meter la pata y quizás aprender. Porque para mal o parabién, madurar implica asumir que los hilos del destino permitirán que suceda lo que yo quiera, y lo que no, también.