María
Fresh Mint, 56, 15198 Culleredo. A Coruña.
Era el alba cálida de un solsticio de verano. La luz incidía en el ventanal, reflejándose como un caleidoscopio iridiscente. María se incorporó suavemente sobre el abdomen dolorido. Ya habían pasado algunas horas desde el primer llanto, que aún resonaba en sus oídos. Ahora sólo oía la cadencia de una respiración tenue, de aliento indescriptible y pulmones minúsculos. Era un milagro, una pupa imperfecta envuelta en sábanas de algodón impecable y logo sanitario. En un instante, su mirada adormilada pudo alcanzar la cuna. Con buena intención, percibió un cuerpo delicado e inmóvil dentro del envoltorio blanco. Había nacido una madre.