Lo único que no cambia
Ana, 29, A Coruña
Hay quien se va de Galicia jurando que volverá pronto, y ese “pronto” se convierte en años sin que nadie lo note.
Cambia de ciudad, de trabajo, de acento, hasta de forma de reír. Solo la morriña no cambia: se queda quieta, esperando el momento justo para apretar.
Una noche, al teléfono, la abuela le dice: “Aquí todo sigue igual, esperándote”. Y es verdad: el mar no ha cambiado de sitio, la lluvia cae igual que siempre, y en la mesa sigue habiendo un plato más, por si algún día vuelve.
Cambia de ciudad, de trabajo, de acento, hasta de forma de reír. Solo la morriña no cambia: se queda quieta, esperando el momento justo para apretar.
Una noche, al teléfono, la abuela le dice: “Aquí todo sigue igual, esperándote”. Y es verdad: el mar no ha cambiado de sitio, la lluvia cae igual que siempre, y en la mesa sigue habiendo un plato más, por si algún día vuelve.