Conocí tus manos
Roberto LL, 36, Venta de Baños
El carrito estaba lleno, pero las manos, temblorosas, no se decidían. Cada artículo parecía una promesa no cumplida, una compra vacía de significado. El cursor brillaba en la pantalla, un destino que se escapaba. Las manos dudaban, atrapadas en la ilusión de lo que podría ser. Finalmente, el clic llegó. Pero cuando revisó la orden, no era lo que había esperado. El carrito vacío lo miraba ahora, tan silencioso como sus propias manos agrietadas. Algo en el aire se quebró, como un hilo invisible que se deshace al tocarnos, dejándonos con el eco de lo no elegido.