CAST / GAL

EL PANAL
Pilar, 61, Barcelona

El zumbido de las abejas aumentaba de ritmo, ensordeciendo todo lo demás alrededor. Y yo no escuchaba otro sonido que se ocultaba bajo esa frecuencia: el de los gemidos de la niña que se dolía de los muchos aguijonazos que había recibido. Se lo había dicho: no te acerques, no son amigables. No me hizo caso, y las abejas la cosieron viva. ¿Y yo cómo podía saber que dejar aquella puerta abierta le permitiría llegar hasta el panal? Tal vez el destino quiso que ahora su papá y yo nos consolemos juntos -y solos- por el resto de nuestras vidas.
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