El destino
Mila, 46, A Coruña
Aine, el hada que cada atardecer bailaba sobre las flores, alguna le prestaba cobijo cuando hacía mala noche. Era caprichosa, al punto de hacer daño a alguna flor por no estar cómoda. Creía que ella tenía más valor por poder volar. Hartas de avisarla las flores decidieron no darle más cobijo.
Una noche tormentosa, el hada como siempre les ordenó que abrieran sus pétalos para dejarla entrar, pero las flores se negaron. El hada acabó arrastrada por el barro y dañó sus preciosas alas para siempre.
Cada acto bueno o malo genera un impacto del mismo modo.
Una noche tormentosa, el hada como siempre les ordenó que abrieran sus pétalos para dejarla entrar, pero las flores se negaron. El hada acabó arrastrada por el barro y dañó sus preciosas alas para siempre.
Cada acto bueno o malo genera un impacto del mismo modo.