Muda
Sara, 41, Torrejón de Ardoz
La primera vez que cambió de piel la encontramos en el cesto de la ropa sucia.
Era ligera, transparente, con la forma exacta de su cuerpo de ocho años.
El médico dijo que era normal. Crecimiento, lo llamó.
Desde entonces ocurre cada otoño. Ella se encierra en el baño y sale ligeramente más alta, un poco más seria, algo más distante.
Guardamos todas las pieles en cajas de zapatos.
Anoche guardamos la última. Al cerrar la puerta del armario mi mujer se echó a llorar.
—Esta todavía me cogía la mano en público —dijo.
Era ligera, transparente, con la forma exacta de su cuerpo de ocho años.
El médico dijo que era normal. Crecimiento, lo llamó.
Desde entonces ocurre cada otoño. Ella se encierra en el baño y sale ligeramente más alta, un poco más seria, algo más distante.
Guardamos todas las pieles en cajas de zapatos.
Anoche guardamos la última. Al cerrar la puerta del armario mi mujer se echó a llorar.
—Esta todavía me cogía la mano en público —dijo.