Vendré de visita
Gabriel Romay Machado, 34, Baleares
Cuando vi su tez pálida y su expresión dignificada, me pareció una persona distinta. Fue entonces cuando escuché una sonora ventosidad que hizo añicos la solemnidad del velatorio.
Jaime abrió los ojos y me sonrió con picardía desde su ataúd.
— Yo no he sido. Si huelo mal es porque me he muerto.
Era el de siempre. Me eché a llorar y él, algo incómodo, se incorporó.
— Venga, anímate. Vendré de visita, ya verás.
Por supuesto, no le creí. Me sonó a la falsa cortesía de quien se marcha porque quiere.
Y sin embargo, años después cumpliría su palabra.
Jaime abrió los ojos y me sonrió con picardía desde su ataúd.
— Yo no he sido. Si huelo mal es porque me he muerto.
Era el de siempre. Me eché a llorar y él, algo incómodo, se incorporó.
— Venga, anímate. Vendré de visita, ya verás.
Por supuesto, no le creí. Me sonó a la falsa cortesía de quien se marcha porque quiere.
Y sin embargo, años después cumpliría su palabra.