El ovillo finito
Leyre, 16, Cobeña 28863 (Madrid)
Era finales de agosto cuando mi abuela empezaba a marchitarse. Entre arrugas y nostalgia hablaba sobre un hilo invisible que tira de nosotros hacia una luz.
-No puedes huir -decía-. Lo que sea para ti, será.
Todavía yo no comprendía aquel cordel que nos obliga a correr por la vida. Con el tiempo descubrí que aunque es inevitable que llegue a esa luz, puedes ir enroscándolo en esquinas, plazuelas y atardeceres. Tocándolo con muñecas de gente ajena que se vuelve querida. Amarrándolo a aromas, experiencias y alegrías. Porque al final del día es uno quien decide en qué dirección camina.
-No puedes huir -decía-. Lo que sea para ti, será.
Todavía yo no comprendía aquel cordel que nos obliga a correr por la vida. Con el tiempo descubrí que aunque es inevitable que llegue a esa luz, puedes ir enroscándolo en esquinas, plazuelas y atardeceres. Tocándolo con muñecas de gente ajena que se vuelve querida. Amarrándolo a aromas, experiencias y alegrías. Porque al final del día es uno quien decide en qué dirección camina.