Una matemática del sí.
Ana María, 43, A Coruña
El médico dictó sentencia: "No volverás a caminar". Pero en mi mente no había espacio para su "no". Llevaba en las venas la fuerza de mis padres y el empuje de mis hermanos, una estirpe que no sabe rendirse. El ictus me frenó en seco, pero mi voluntad seguía intacta. Cada día, cuando las piernas fallaban, las manos de mi familia me sostenían para dar un paso más. Aprendí que todo es mental. Hoy miro a mis hijas y sonrío; mi alma sigue siendo capaz de todo. La única frontera real es la muerte; La vida, una matemática del si.