CAST / GAL

La muda
Tropicamida, 52, A Coruña

Durante semanas pensé que era el espejo quien había cambiado. Después culpé a la luz. Hasta que, una mañana cualquiera, escuché:

—Señora, le toca.

Me giré buscando a otra mujer. Solo estaba yo. Al volver a casa me detuve ante el espejo con el mismo recelo con que, en el instituto, leí aquella novela donde un hombre despertaba convertido en alguien imposible. Yo seguía teniendo mi voz, mis manos y mis recuerdos. Sin embargo, el cristal no reflejaba a una desconocida. Reflejaba, por fin, a la mujer que siempre había sido, aunque yo acabara de reconocerla.
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