No pudo ser
LUNA DE LOBO, 65, Valladolid
Apareció de repente cortándome el paso. Yo me detuve sin otro remedio.
Alargó los brazos. Me iluminé por dentro.
-¡Ay perdón! —se disculpó—. Creí que eras…
Quedé parada en medio del paseo; sintiendo no ser aquella. No llevar su nombre bajo el brazo o en la cartera. No haber tenido tiempo de recoger ese abrazo huérfano que se escabulló en la tarde.
Hubiéramos compartido un banco, un pedazo de este tiempo holgado que vagabundea cada día por mis horas.
Y al cabo de un rato, nos hubiéramos despedido con la promesa de vernos de nuevo mañana.
Alargó los brazos. Me iluminé por dentro.
-¡Ay perdón! —se disculpó—. Creí que eras…
Quedé parada en medio del paseo; sintiendo no ser aquella. No llevar su nombre bajo el brazo o en la cartera. No haber tenido tiempo de recoger ese abrazo huérfano que se escabulló en la tarde.
Hubiéramos compartido un banco, un pedazo de este tiempo holgado que vagabundea cada día por mis horas.
Y al cabo de un rato, nos hubiéramos despedido con la promesa de vernos de nuevo mañana.