Volveres
Rokoko, 21, Salamanca
Las noches en que regresé a la casa donde crecí levantaba la vista para comprobar si la luna seguía siendo la misma, tratando de encontrar promesa en su movimiento, y en su baile me engañé, porque mientras ella adelgazaba, crecía o desaparecía con paciencia, también mi rostro, mis miedos y mis certezas se habían desplazado un poco. Encendí un Cohiba. Tampoco aquella casa me esperaba, nunca hubo dos noches iguales ni dos miradas iguales, por lo que acordé con la luna, como había hecho de crío, no permanecer jamás.