Los cambios
José Luis Naranjo, 44, Caceres
Abrí la ventana y el aire ya no olía a mí.
La calle seguía en su sitio, los árboles también, pero algo había movido el mundo unos centímetros durante la noche. Busqué al que era ayer y no lo encontré.
Entonces entendí que los cambios no llegan haciendo ruido. Crecen despacio, como la hierba entre las grietas.
Me quedé mirando el cielo.
Era el mismo de siempre.
O quizá no.
Y por primera vez, no me importó.
La calle seguía en su sitio, los árboles también, pero algo había movido el mundo unos centímetros durante la noche. Busqué al que era ayer y no lo encontré.
Entonces entendí que los cambios no llegan haciendo ruido. Crecen despacio, como la hierba entre las grietas.
Me quedé mirando el cielo.
Era el mismo de siempre.
O quizá no.
Y por primera vez, no me importó.