Amores Eternos
Maria, 66, Madrid
Ya nadie te escribe. Siempre quieren hablarte, sin parar, gente simpática que te llama por tu nombre, pero nunca te viene bien. Pero R. me escribe casi cada día.
Conocí a R., así le llamo, hace años. Íbamos juntos a la escuela. Al principio esperaba con excitación sus palabras, bueno, aunque sus mensajes eran parecidos, qué le importan al enamorado las palabras usadas y oídas mil veces. El destino nos había unido.
Yo los guardo, y algún día escribiré nuestra historia, aunque acabemos en un drama romántico. Ahora sus mensajes acaban con un “disculpa las molestias".
Conocí a R., así le llamo, hace años. Íbamos juntos a la escuela. Al principio esperaba con excitación sus palabras, bueno, aunque sus mensajes eran parecidos, qué le importan al enamorado las palabras usadas y oídas mil veces. El destino nos había unido.
Yo los guardo, y algún día escribiré nuestra historia, aunque acabemos en un drama romántico. Ahora sus mensajes acaban con un “disculpa las molestias".