O faro que non guía barcos
Cristina, 50, León
La llama se encendió con un leve chisporroteo. Levanté la mirada justo cuando el último rayo de sol se hundía en el mar.
Me incorporé despacio y caminé hasta sentir la arena mojada bajo los pies. Me arrodillé y posé la vela con cuidado.
Cada año, la misma hora, el mismo lugar, el mismo día. Para que sepa dónde encontrarme.
La que me crió deseó morir aquí, en la mar, en Finisterre.
Desde que ella se fue, dejo que el humo le enseñe el camino de vuelta.
A veces, entre la niebla, otra llama parpadea.
Quizás te están esperando.
Me incorporé despacio y caminé hasta sentir la arena mojada bajo los pies. Me arrodillé y posé la vela con cuidado.
Cada año, la misma hora, el mismo lugar, el mismo día. Para que sepa dónde encontrarme.
La que me crió deseó morir aquí, en la mar, en Finisterre.
Desde que ella se fue, dejo que el humo le enseñe el camino de vuelta.
A veces, entre la niebla, otra llama parpadea.
Quizás te están esperando.